Equidad de género vs autoconfianza que rompe estereotipos.

 Ensayo de capítulos del 27 al 30 del Libro una Educación de Tara Westover. 

Alumna: SARA NOHEMY GARCIA LEONARDO. 

Maestro: Manuel Alexander Escobar Blanco. 

Tema: Equidad de género vs autoconfianza que rompe estereotipos. 










Este ensayo a diferencia de los anteriores da un reseteo positivo para la vida de Tara, pues queda atrás la violencia física por parte de sus hermanos y su padre, las ideas o apetito de muerte, la presión psicológica acerca de no salir del seno familiar, entre otros; pero prevalece siempre el machismo, el fanatismo religioso, le desigualdad de género y violencia psicológica, intelectual y emocional ejercida por parte de la sociedad en general como violación.  

             Estos aspectos negativos que prevalecen, a pesar que nuestra protagonista ya se movía en un medio de personas supuestamente de mente abierta y no casadas con ideas tan rigurosas pues habían estado expuestas a la socialización propiamente, a diferencia de Tara; pues por ejemplo su amigo Josh de BYU, le da su opinión acerca de la carrera de Derecho: “Unos días antes de los exámenes finales pasé una hora con mi amigo Josh en un aula vacía. Él revisaba sus solicitudes de ingreso en la facultad de derecho y yo elegía las asignaturas del siguiente cuatrimestre. —Si fueras mujer, ¿estudiarías derecho? —le pregunté. Josh no levantó la cabeza. —Si fuera mujer no querría estudiar derecho. —Pues desde que te conozco no has hablado más que de esa facultad. Es tu sueño, ¿no? —Sí —reconoció—, pero no lo sería si fuera mujer. Las mujeres son distintas. No tienen esa clase de ambición. La suya son los hijos”. (WESTOVER 2018)[1]  

             Pues bien, a nivel personal este comentario me pareció al seguir la lectura muy fuera de lugar y con mucha carencia de perspectiva de género, pues le dan un contexto diferente a todo lo que tiene que ver con el éxito de una mujer, si una mujer pretende triunfar en la vida significa que algo raro le está pasando, porque ellas son para estar en la casa encargándose de la crianza de sus hijos y del cuidado de su pareja.  

            Con este fragmento, surgió la inquietud sobre la reflexión anterior y se puede plantear las siguientes interrogantes que podrían hacerse las personas no familiarizadas con el tema: ¿qué es “el género”? ¿Tiene algo que ver con el “sexo”? entonces me referiré a plantear definiciones básicas de lo que se podría tomar como una respuesta ante esas interrogantes. 

             El género es una construcción cultural de lo que entendemos por “femenino” y “masculino”, y por ello hace referencia a los aspectos no biológicos del sexo. Es una categoría de análisis desarrollada para el estudio de las relaciones entre mujeres y hombres y la comprensión de los factores estructurales que influyen en la subordinación y discriminación femenina es así que se explica la dicotomía que presenta los sexos como opuestos, así como aquellas formas de comportamiento, representaciones y valoraciones que la cultura identifica como femeninas o masculinas, de acuerdo a la asignación de roles distintos para cada uno de los sexos. (JELIN 1994)[2] 

              Esta distinción es útil en tanto permite comprender que muchas de las diferencias hombre- mujer tienen poco que ver con diferencias biológicas, respondiendo más bien a estereotipos de género, como creencias socialmente compartidas acerca de ciertas cualidades que le son asignadas a las personas en razón de su sexo. Igualmente, permite explicar el impacto diferencial que tiene en las personas la experiencia de ser hombre o mujer en una determinada sociedad y en un momento histórico particular. Género y sexo se usaron en el pasado como sinónimos, pero hoy día ambos conceptos han asumido significados más precisos, aunque el primero se ha construido a partir de una exagerada importancia dada a las diferencias sexuales biológicas.  

            El sexo se refiere a las características que diferencian a mujeres y hombres, determinadas por elementos físicos que cada persona trae consigo al nacer, como órganos genitales, estados hormonales, cromosomas, caracteres sexuales secundarios, así como la capacidad de reproducción en las mujeres y la de engendrar en los hombres, entre otras. Es en los procesos de socialización genérica que las mujeres van aprendiendo a aceptar como naturales su subordinación y discriminación, las que van asimilando como una condición que viene dada por su “naturaleza” de mujer, mientras que los varones internalizan la dominación como un rasgo que proviene también de su condición de hombre. Romper con estos estereotipos y normas culturales no es fácil, ya que la persona que no comporte apropiadamente, recibirá sanciones sociales de diverso tipo. (STEIN s.f.)[3]   

            Así como nos hemos acostumbrado a pensar que lo “femenino” y “masculino” responden a diferencias naturales, también hemos aprendido a concebir la familia como una unidad de intereses en la que todas las personas que la integran buscan lo mejor para sus otros miembros (obviamente cada familia a su manera tal y como lo vemos en la familia de los Westover), una unidad en la que priva la tolerancia algo que a lo largo de los capítulos del libro en estudio; la comprensión y la equidad en la toma de decisiones que también es nula dentro de la familia de Tara, porque generalmente siempre fueron imposiciones rígidas y que no existía la toma de decisiones propiamente sino siempre fue impulso por el sentido de huida del seno familiar. Esta visión que yo veo y mencionaría como sensible, choca estrepitosamente con la realidad que se vive cotidianamente en todas las familias. Antes que unidad de intereses comunes, la familia es una unidad de intereses en conflicto. Las familias están constituidas por personas que tiene distintas necesidades en razón de los roles de género que les han sido asignados, la edad, su posición en el mercado de trabajo, el estado civil, el nivel de escolaridad, y la orientación religiosa o política, para citar algunas de las características que más influyen en estos procesos. Sin embargo, estas diferencias son, por lo general, ignoradas en detrimento de quienes tienen una posición de subordinación y menos poder dentro de la estructura familiar, principalmente las mujeres de todas las edades. 

        La violencia contra las mujeres es una forma de discriminación fundada en el 

sexo de las personas que limita seriamente las oportunidades de aquellas para disfrutar de los derechos y libertades fundamentales que están garantizados por ley sobre la base de la igualdad con los hombres, lastimando y humillando a sus víctimas, produciendo temor y otros daños que con mucha frecuencia se justifican o exoneran por la costumbre, la religión y las tradiciones.  Pero a pesar que mientras unos pretendían limitar a Tara con sus expectativas profesionales y sus pretensiones de vida dentro de un ámbito diferente al acostumbrado y dejar atrás los estereotipos que ciertas cosas no son para las mujeres y otras sí; y dejar de seguir pensando en cosas como -universitaria o ramera-. Pues con tantas cosas en contra siempre es viable encontrar en otras personas palabras de aliento y positivas como la de los maestros de Tara quienes vieron en ella oro puro y pudieron pulirlo y brindarle así la autoconfianza que necesitaba descubrir en sí y la de otros que hasta ese momento de su vida no había tenido por parte de los adultos. Que finalmente termino con romper los estereotipos tanto morales, religiosos y profesionales, logrando obtener una beca que nunca hubiese imaginado, pero que estaba a su alcance y acorde a sus capacidades.      



[1]  WESTOVER, TARA. «SI YO FUERA MUJER .» En UNA EDUCACION , de TARA WESTOVER. IDAHO: LUMEN, 2018. 

 

[2]  JELIN, ELIZABETH. «FAMILIA Y GENERO, NOTAS PARA EL DEBATE.» VIVIR EN FAMILIA, 1994. 

 

[3]  STEIN, LAURA GUZMÁN. RELACIONES DE GÉNERO Y ESTRUCTURAS FAMILIARES: REFLEXIONES A PROPÓSITO DEL AÑO INTERNACIONAL DE LA FAMILIA. s.f. 

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