Los recuerdos de la primera infancia se pierden casi siempre, pero pueden remontarse hasta los dos años de edad si están asociados a emociones fuertes y los padres ayudan a contextualizarlos. Otros se olvidan para siempre, pero dejan una huella de amor o dolor que dura toda la vida. (Fe. 2021)[1]
Estos capítulos nos narran de como los recuerdos pueden ser parte fundamental para el desarrollo de los seres humanos en la vida de adultos y consiguen influir en la forma en la que estos crean su identidad y personalidad, para convertirse en entes de socialización; La forma en la que la hermana de Tara, conserva aún en su vida fuera del hogar familiar esos recuerdo de violencia, abuso y desprotección por parte de sus padres, nos adentra en una práctica muy cotidiana en la mayoría de los hogares a nivel mundial, pues la violencia se invisibiliza y logra normalizarse dentro de las practicas cotidianas en el entorno familiar, hasta llegar a tomar un matiz falso de inofensivo.
A esta supuesta inofensividad le antecede los factores de negación y justificación como podemos ver en la familia de Tara, por parte de sus progenitores hacia su hijo Shaw, de quien a pesar de saber que el ejercía abusos de superioridad hacia sus hermanos, la madre de niega que fuera una actitud incorrecta (negación) pues aunque veía, escuchaba y vivía el dolor de sus hijas ante esta violencia prefería hacerse de oídos sordos; argumentando que creía que ellas provocaban las peleas (justificación) y que su hijo Shaw era débil y que ella como madre lo quería proteger-pero no de la forma correcta, según mi perspectiva-, pues ambos eran hijos y debían recibir la misma comprensión de forma diferente claro está.
Ante lo anterior debemos tomar en cuenta que las relaciones en el ámbito familiar, especialmente aquellas que tienen lugar en el hogar o en la casa familiar, presumen de garantizar, cuando menos, la seguridad, la provisión de ayuda y la protección necesaria a todos y cada uno de sus miembros y, en particular, a los niños y a las niñas, reconocidos como personas vulnerables (Cortiñas 2018)[2]; ante este deber ser podemos aseverar que en el entorno en el que Tara y sus hermanos fueron criados, no se cumplió ni en un mínimo porcentaje ese sentido de cuidado y defensa; por ende son adultos que deben lidiar con sus emociones, sus traumas y complejos; estos últimos que viene a ser como lo expone Lacan, un conjunto de reacciones que puede interesar a todas las funciones orgánicas, desde la emoción hasta la conducta adaptada al objeto. Lo que define al complejo es el hecho de que reproduce una cierta realidad del ambiente siendo esta una idea estable en el que se evidencia que está dominado por factores culturales; en su contenido, representativo de un objeto; en su forma, ligada a una etapa vivida de la objetivación; por último, en su manifestación de carencia objetiva frente a una situación actual. (Lacan 1978) [3]
La forma de abordar estos recuerdos y traumas transformados en complejos, por parte de las hermanas Westover ante sus progenitores y ante su agresor me da la sensación alivio para toda una familia; pues aquellas que sufrieron la violencia física, psicológica entre otras, habían logrado abrir sus ojos y mentes al punto de sentir la obligación de rescatar a otras personas que pudieran pasar por la misma situación de sometimiento, como por ejemplo la esposa y familia del agresor (Shaw), y así salvar en ese aspecto tanto a las nuevas víctimas como al victimario, ya que al reconocer y aceptar todos la situación negativa en la que habían estado inmersos todos de algún modo, sirvió para botar esa pesada carga, superar en la medida de lo posible los malos recuerdos y dar un inicio diferente a sus vidas con nuevos propósitos y tomando solo lo bueno de lo malo. No obstante a que las víctimas(Tara y Audrey) de violencia intenten dar la vuelta a la página de esos hechos y recuerdos de abuso por parte de su victimario (Shaw); este último tal y como lo vemos en el capítulo treinta y cuatro titulado “La sustancia de las cosas”, no admite su problema y/o trastorno de personalidad, así como su papel de agresor hasta llegar al punto de tener ideas de muerte para Audrey por haber tenido la valentía de parar sus pies; pero por parte de los progenitores sigue la negación y el intento de creer que la familia ha sido lo mejor que les pudo haber pasado, sin tomar en cuenta todo los desaciertos de sus hijos; probablemente esa violencia desencadenada en Shaw también era el resultado de maltratos físicos y psicoemocionales por parte de su padre; entonces se evidencia como ante el intento de poner en evidencia al agresor el machismo vuelve a tomar parte en la vida familiar, ya que de ser víctima Tara, pasa a ser la mala, pues se le cuestiona y se le pide pruebas de los denunciado ante sus padres -aun y cuando estos habían sido testigos presenciales de toda esa violencia siempre-, es decir que no existió una escucha activa, siguieron inmersos en su negación y seguían alimentando la violencia que podría incluso desencadenar hasta el último peldaño de esta, es decir, la muerte de sus víctimas; importante menciona que a menudo, la violencia por razón de sexo se ha acogido a las diferencias biológicas existentes entre el hombre y la mujer para establecer roles desiguales y justificar, de este modo, el abuso de poder en cualquier ámbito; por lo que como en este caso podemos advertir La manipulación emocional por parte del padre de Tara, la cual se reviste de supuestas buenas intenciones (no ver en problemas legales a su hermano Shaw, nuevamente tratando de proteger al agresor y desacreditar el dicho de las victimas); Reduciéndose, esta una vez más por parte de su padre a someter a Tara a su voluntad.
Pues bien, la falsa aceptación del hermano de Tara, la tranquila forma en que tomo los reclamos de Tara ante su padre parecían disiparse, ya que había depositado su furia al matar al perro inofensivo frente a su hijo, quien igual ya era parte de la violencia ejercida por Shaw; poniendo de manifiesto el ciclo de violencia, donde falsamente aceptan sus errores, piden perdón y se muestran arrepentidos; pero en su desorden mental consideran que el problema es de los demás y no de ellos, pero que aceptan la culpa para no seguir lidiando con las consecuencias. Así de forma personal considero que existen muchas familias que consideran que los miembros que tienen actitudes negativas, deben ser comprendidos en sobremanera, ser apoyados inútilmente porque ante ese apoyo toman fuerza para intensificar su violencia y abuso hacia el que trata de estar bien. Estas normalizan la violencia y crean el mito que, a los integrantes con problemas de identidad y personalidad, deben ser justificados y defendidos a pesar que ellos sean quienes tienen graves patologías psíquicas.
[1] Fe., Eduardo Martínez de la. Tendencias 21. 2021 de marzo de 2021. https://tendencias21.levante-
[2]Cortiñas, Sandra Carracedo. Menores testigos de violencia entre sus progenitores: repercusiones a nivel psicoemocional. Madrid: Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Centro de Publicaciones., 2018.
[3]Lacan, Jacques. «EL COMPLEJO, FACTOR CONCRETO DE LA PSICOLOGÍA FAMILIAR.» En La Familia, de Jacques Lacan, 25-27. Barcelona: Argonauta, 1978.
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