"UNA EDUCACIÓN". Tara Westover

Miranda de los Angeles Rivera Henriquez,  Elsy Marina Navas de Reyes, Emilio Salinas Gutiérrez, Ricardo Francisco Ferrer Portillo y Katherine Guadalupe Sibrian Membreño. 


CAPÍTULO 11:    “INSTINTO”

Frecuentemente nos vemos en situaciones imprevistas, lugares desconocidos o ante personas extrañas. En más de alguna ocasión, estando frente a cualquiera de esos escenarios –y aunque estemos rodeados de otros- nos toca hacerles frente “solos”, desafiandolos, confiando en nuestras propias capacidades y desechando las ideas o conceptos que nos limitan.

 

Durante su relato, Tara nos lleva a un escenario que refleja un suceso curioso, cuando estando más cercana a su hermano Shawn, comparten tiempo en la doma de caballos. La descripción que hace de su caballo, es por demás llamativa: “…cuando mi hermano se subió a la silla, Potranco se limitó a echar a correr… En cuestión de unos minutos había aceptado nuestra pretensión de montarlo, de que se dejara montar. Había aceptado el mundo tal como era: un mundo donde él era un objeto poseído” (Westover, 2018).

 

¿No sería acaso la actitud de su caballo (“aceptar que era un objeto poseído”), un reflejo de su propia aceptación de la misma situación: “ser una adolescente sin voluntad, presa de las decisiones, visiones, voluntad de otros”?.-

 

Más adelante, cuando tiene el episodio con su caballo desbocado, Tara se refiere al “Instinto”: “Ese instinto era mi guardiánMe había salvado en otras ocasiones… Durante toda mi vida ese instinto me había enseñado su única doctrina: que las posibilidades son mejores si confías solo en ti misma”, (Westover, 2018).

 

Llega un momento –varios en realidad- en que la vida, las circunstancias ponen a prueba a cualquier individuo, donde éste para sobrevivir y salir adelante, debe desechar todo aquello que le limita -y en contraste- debe echar mano “de esa energía” que yace dentro de su ser, para tomar decisiones de vida radicales.  “Instinto” le llaman.

 

 

CAPÍTULO 12:    “OJOS DE PEZ”

Dentro de su historia, a sus quince años Tara cuenta un episodio más en su vida. La convivencia con sus hermanos, especialmente con Shawn, con quien había compartido cabalgando y domando caballos en el establo de su abuelo, un día por circunstancias de la vida, su hermano Tony le pide ayuda a su hermano Shawn para que le maneje un Tráiler (Cabezal), este responde que le puede ayudar pero con la condición que le acompañe Tara, y así fue; quizá ella nunca imaginó todo lo que de ahí viviría junto con su hermano después de ese viaje, que se daría cuenta del carácter de un hombre criado en una familia patriarcal, machista, con estereotipos de género.


Su hermano en una ocasión la lleva a una ópera en donde asisten otras personas entre ellas una adolescente de diecisiete años llamada Sadie, una joven de ojos de color; Tara observa que esta joven se fija en su hermano Shawn; al ver esto  le pregunta a su hermano  si le gusta la joven Sadie  y él le responde que no, y le dice “tiene ojos de pez y los peces son de los más tontos, son bonitos pero tiene la cabeza vacía como un neumático” (Westover 2018).

 

Vemos el concepto bastante arraigado que ha perdurado por años: “una mujer no puede ser bonita y ser inteligente al mismo tiempo”, expresión discriminatoria y prejuiciosa que persiste hasta nuestros días. En el ámbito familiar –está demostrado- que la mujer es víctima frecuente de todo tipo de violencia (del tipo psicológica física y sexual), donde el agresor es frecuentemente un pariente cercano. En su relato, Tara es víctima de violencia física por parte de su hermano Shawn. Una situación muy triste y que refleja su vulnerabilidad.

 


CAPÍTULO 13:    “CALLEN EN LAS CONGREGACIONES”

Tara es una adolescente que a su corta edad, ha sufrido diferentes maltratos por parte de su hermano, los cuales ella ha sabido perdonar. Es una etapa de cambios, y ella está experimentando cambios en su cuerpo, (en cierto modo, está consciente de lo que le pasará con su cuerpo): “…el cuerpo empezaba a cambiarme, se ensanchaba, se abultaba, se estiraba, crecía… imposible” (Westover, 2018).


Los cambios que experimenta la preocupan y por ello quiere que se terminen lo más pronto posible: “…yo deseaba que parara de una vez…”(Westover, 2018). Los cambios que sufrimos en nuestra adolescencia, -sin duda alguna- no solo cambian nuestra forma de pensar, sino también nuestra forma de ver la realidad y empezamos a soñar, a ilusionarnos e incluso a ser curiosos en muchas cosas, algo que es muy normal en esa etapa.

 

Shawn, maltrata a su hermana adolescente de diferentes formas: psicológica, física y verbal, al llamarla “…GOLFA, RAMERA…Zorra… Golfa…” (Westover, 2018), por no tener y compartir su misma forma de interpretar las enseñanzas de la biblia, y pensar que “maquillarse”, “hablar con personas del sexo opuesto” es ser “vano”, etc. Con ello nos demuestra (como hemos visto ya en el desarrollo del relato) cómo las personas faltas de “criterio propio” -en lo que se nos enseña respecto a la creencia en Dios- actúan de manera incorrecta imponiendo su visión. Vemos a personas “radicales” o “fanáticas” a quienes nada ni nadie les hace cambiar de parecer en su forma de pensar, sin darse cuenta que con sus acciones, además de errores, cometen delitos graves, importándoles únicamente que los demás sean sumisos a sus creencias.

 

No obstante, en las diferentes situaciones que se nos presentan (buenas o malas), siempre tendremos que  tomar alguna decisión para nuestro bien, y habrá personas que nos empujen a ellas, con tal de vernos superarnos en la vida. Siempre habrá alguien que nos ayudará a salir adelante. 

 

 

CAPT. 14:            “YA NO TOCO LA TIERRA CON LOS PIES”

Se puede apreciar una “vuelta de tornas” entre seres tan antagónicos como la autora y su padre: éste toma un “giro” en su modo de vida (por lo menos laboral); en cuanto a Tara, a pesar de sus esfuerzos de encajar en el mundo que existía más allá de las montañas, toma una actitud de “abatimiento” por -aparentemente- resignarse a seguir los pasos de su madre. Aunque en ciertos aspectos (como el modo de laborar) el padre de la autora muestra nuevamente ser “inamovible”, si bien permitía elementos tan básicos en la vida cotidiana actual como el internet, aunque en eso según su fe, seguía siendo un lujo.


Se entrevé la idea de la autora, de tomar la ideología religiosa de su padre, en parte, cuando se le sugiere licenciarse en música para un coro religioso, por otro lado continúa con su educación a través de las matemáticas, las cuales su padre aparentemente había aprendido a través de su trabajo en las construcciones de las cuales ocurriría, mientras la autora estaba cerca, el hecho que su hermano había tenido un accidente grave, más una confrontación con su padre y todo ello lo había llevado, -una vez recuperado- a convertirse en una persona completamente inestable, creando en la autora “un sentimiento de culpa” por no haber ido a visitarlo al hospital antes.

Ciertamente hay hechos que no necesariamente son previsibles, dado que la suerte de cualquiera es en realidad “imprevisible” y ello es por la misma imperfección que el ser humano posee por naturaleza y además de su propia espontaneidad al convivir con los demás tomando en cuenta la gran cantidad de posturas idealistas que cada persona tiene, lo cual es inherente en el ser humano dado que esa es una de las características que no podemos cambiar.

 


CAPÍTULO 15.    “YA NO SOY UNA NIÑA”

Cada vez las cosas se ponían peor en la vida de la escritora. Su padre decidía en su vida lo que ella debía o no debía hacer. Era claro que la religión era lo más importante para su padre; ella quería ir a la Universidad, pero sabía que eso le disgustaría a él e iría en contra de sus creencias religiosas, desafiando el poder de Dios.


El chantaje, el miedo eran una constante en su discurso: “Me encontraba en mi cuarto cuando mi padre tocó la puerta para decirme lo siguiente: “He estado rezando —dijo con tono suave, tierno— He rezado sobre tu decisión de ir a la universidad. Abrió los párpados. A la luz de la lámpara.

Habían invadido el color castaño del iris. Jamás había visto unos ojos en los que el negro abarcara tanto; parecían de otro mundo, signos de un poder espiritual.

—El Señor me ha llamado para que dé testimonio. Está disgustado. Has dejado a un lado sus bendiciones para prostituirte en pos de los conocimientos del hombre”. (Westover, 2018)

La autora le expresa a su madre que no iría a la Universidad, respondiéndole esta: “pensó que yo sería la primera en irme de la casa, no Tyler. Que no dejara que nadie decidiera por mí”.

 

Tara quería ser diferente y aun cuando trabajaba arduamente, se levantaba temprano para tratar de estudiar antes de comenzar su faena. Estaba nerviosa por hacer su examen. Debía aprobar con nota mayor a 27 puntos aunque había áreas que no manejaba bien. Llegó el día del examen: “Volví a casa. Me sentía idiota; más que idiota, ridícula. Tras haber visto a los otros estudiantes —tras verlos desfilar hacia el aula en hileras ordenadas, sentarse donde les correspondía y anotar con calma sus respuestas, como si ejecutaran un ejercicio bien practicado—, me parecía absurdo que me hubiera planteado siquiera acabar entre el quince por ciento mejor”. (Westover, 2018)

 

Si aprobó con un puntaje de 22. Estaba feliz, pero su padre no lo tomó tan bien y “le pidió que se fuera lo más pronto posible de la casa y que pagara alquiler propio”.

 

Tara lucho por su sueño de ir a la Universidad, aun cuando su familia se lo impedía, ella quería ser diferente, quería tener su propia vida aunque eso le impidiera tener el cariño y respeto de sus padres: “Mi padre adoraba que yo realizara trabajos fuertes eso lo hacia sentir feliz y yo complacerlo aun que eso era poder cortarme una cabeza o brazo” (Westover, 2018) 

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