Ensayo de capítulos 11 al 15 del Libro una Educación de Tara Westover.

 Alumna: SARA NOHEMY GARCIA LEONARDO. 




Tema: Desenfreno. 

En estos cinco capítulos del Libro podemos identificar puntualmente ciertas conductas asociadas a los personajes, en primer lugar: La imago materna, los instintos, la formación de complejos y el sentido de agresividad; de todos los capítulos leídos hasta ahora estos son los que más han causado a nivel personal cierta hostilidad al leerlos e imaginar cada escena, en realidad los trastornos de personalidad de las personas como podemos observar en el hermano de Tara (Shaw), quien en un principio tiene al parecer cierto afecto indiscutible con Tara, finalmente termine siendo quien creara al igual que su padre cierto deseo de escapar del seno familiar; el hermano de Tara totalmente afectado en su psiquis, en su percepción de ver la vida de una manera errónea(proclamando una falsa moralidad), con tantas represiones en su infancia que luego se traducen en traumas que debe enfrentar en el desarrollo de su adultez; generando complejos personales y a sus semejantes, quienes al mismo tiempo desarrollan instintos quizá podría pensar que son por sobrevivencia tal y como menciona Lacan en su libro que “Al contraponer el complejo al instinto, no negamos todo fundamento biológico al complejo, y al definirlo mediante algunas relaciones ideales, lo ligamos, sin embargo, a su base material. Esta base es la función que cumple en el 39 grupo social; y este fundamento biológico se observa en la dependencia vital del individuo en relación con el grupo. Mientras el instinto tiene un soporte orgánico que sólo es la regulación de éste en la función vital, el complejo sólo eventualmente tiene una relación orgánica, cuando reemplaza una insuficiencia vital a través de la regulación de una función social. Es lo que ocurre en el caso del complejo del destete. Esta relación orgánica explica que la imago de la madre se relacione con las profundidades del psiquismo y que su sublimación sea particularmente difícil, como se comprueba en el apego del niño «a las faldas de su madre» y en la duración a veces anacrónica de ese vínculo”. (Lacan 1978) pues a lo largo de la lectura llama poderosamente la atención que un hermano pueda ejercer violencia infundada sobre otro hermano frente a la imagen materna (y esta no acciona su actitud de superioridad para detener ese maltrato), pues con la única excusa del criterio personal de Shaw que Tara era una ramera solo por maquillarse y decirle pensé que eras diferente de las demás, o por platicar con otro chico ya constituía una falta amoral; pienso que más bien el desataba sus frustraciones amorosas en su ámbito muy personal, y ejecutaba la violencia contra las personas equivocadas, pues si bien es cierto como todos sabemos la agresividad es uno de los problemas fundamentales que ha enfrentado la sociedad durante todos los tiempos. Nos podemos preguntar, si el ser humano es hoy más agresivo que en el pasado. La respuesta no podría ser clara, pero sí lo es el que la historia de la humanidad está llena de ejemplos de crueldad y agresividad en sus diversas manifestaciones. El presente, sin embargo, enfrenta a las personas con casos de violencia y agresividad constantemente, dadas las circunstancia familiares como la falta de respeto en cuanto a la figuras paternas, los pseudo derechos que en algunas ocasiones lejos de aportar paz y armonía a las familias dejan desintegración, falta de respeto y pérdida de valores; así como también las posibilidades que brindan los medios de comunicación, donde lo que subliminalmente dejan entrever es la violencia no solo física, sino de género, económica, psicológica entre otras. Esta violencia se manifiesta contra el propio yo y los otros en forma alarmante. Por otra parte, estas manifestaciones agresivas adquieren formas propias, según el momento histórico que vivimos o el contexto familiar en que nos hayamos desarrollado. Por otra parte, Tyler juega una vez un papel muy importante en apoyo de Tara, este con su forma tan contrapuesta a la de Shaw logra demostrarle que a pesar de ser unidos por un vínculo consanguíneo y haber sido criados bajo un mismo patrón familiar –léase régimen patriarcal- se puede ser congruente con sus actos y la moralidad. Esa complicidad sana que tenía con Tara quien finalmente logra sentir que ya no es un niña y que puede realizar más actividades que la de ser parte de la cuadrilla de su trabajadores de su padre y demostrar que tiene más habilidades y aspiraciones que esa y que a pesar de ser mujer –algo que era una desventaja dentro de la familia de Tara según los prototipos inculcados por su padre- podría lograr a pesar de nunca haber ido a una escuela ingresar a la universidad y poder así poner en práctica el potencial que había en ella; a pesar de todo lo negativo que le había sucedido en su primera infancia, su niñez y adolescencia; hay un fragmento con el cual me identifique totalmente y creo muchas mujeres lo harían igual sin temor a equivocarme el cual citare textualmente: “Tenía quince años y lo notaba, notaba la carrera que progresaba con el tiempo. El cuerpo empezaba a cambiarme: se ensanchaba, se abultaba, se estiraba, crecía. Yo deseaba que parara de una vez, pero por lo visto mi cuerpo ya no era mío. Él era su propio dueño, y no le importaba lo más mínimo cómo me sentía yo con esos cambios extraños ni si quería dejar de ser una niña y convertirme en otra cosa”. (Westover 2018) Pues entre esas edades la preocupación psicológica gira básicamente alrededor de lo físico y lo emocional. Se produce una reestructuración de la imagen corporal, se vive un ajuste a los cambios corporales emergentes, el ánimo es fluctuante; hay una fuerte autoconciencia de las necesidades y deseos de comprensión y apoyo por parte de los mayores –comprensión con la que Tara no contaba-. Pues aun y cuando las figuras parentales dejan de ser la fuente casi exclusiva de fomento de la autoestima, se hace imprescindible tener la posibilidad de compartir los problemas con los padres; las amistades también se tornan cruciales. Y es donde se reafirman los roles que se desempeñaran en la adolescencia y la adultez. Tradicionalmente el comienzo de la pubertad marca la aparición del discurso en que los mayores enfatizan los riesgos y las perspectivas morales (en este caso quien marcaba de forma según mi criterio hasta enfermiza por decirlo de alguna manera, era el hermano de Tara, Shaw). Y culturalmente, la aparición de indicios de desarrollo sexual tiende a ser enfrentada por los adultos de modo opuesto para cada sexo: control y vigilancia para las muchachas, estímulo y libertad para los varones. Y en la familia de los Westover no era la excepción pues como leímos en el Capítulo “Ojos de Pez” Shaw tenía libertad de tener una vida amorosa normal hasta el punto incluso de maltratar a su pareja y todos los demás hermanos pues estaban ya casados-los mayores-. Finalmente, como inicie diciendo lo leído y relacionado cada vez agrega más componentes que establecen la normalidad de ciertas conductas negativas, pero en esta ocasión siento que también en contrapeso se marcaron varias conductas positivas como es que Tara pudo superar desafíos importantes como lo es el desarrollo, la inclusión a adecuación formal, aferrarse a sus instintos de vida y a sopesar los malos momentos con las oportunidades que la vida le proporcionaba aun estas fueran mínimas. Entre las negativas que más llamaron mi atención fue la violencia física y psicológica que ejercían en Tara; pero que ya en estos capítulos se extendió incluso al padre de ellos pues ya los impulsos del hijo no respetaron ni los limites fisico-parentales.   

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Lacan, Jacques. «La Familia.» En La Familia, de Jacques Lacan, 39-40. Buenos Aires: Argonauta, Barcelona, 1978. 

Westover, Tara. Una Educaciòn . Lumen, 2018. 


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