CAPÍTULO 4: LAS APACHES

Grupo 6; Miranda Rivera H.

Tara da a conocer sucesos en su entorno familiar que dejaron marcada su vida, “vivenciados” en su niñez. Particularmente relata el accidente y la historia de lo sucedido antes de éste. Deja una importante reflexión: “las acciones y decisiones que tomamos en nuestras vidas, pueden trascender a terceras personas”.

¿Qué pasó antes del accidente?. Tara recuerda: “…Cuando a su padre no le iban las cosas muy bien… se deprime y desanima”. Esta es una actitud muy “cotidiana” que aparece cuando las cosas no pasan como planeamos. Eso le sucedió al padre de Tara y pensando en su salud y bienestar, su madre les anuncia el viaje a Arizona, donde se encontraban sus abuelos.

Al llegar, se integran las familias –ambas con costumbres diferentes-, saliendo a relucir “creencias” muy particulares: “personas que viven en el campo, que no van al médico y prefieren un curandero(a)”; mujeres que a la hora de dar a luz prefieren una partera por temor al hospital (“si van al hospital a morirse van a ir”), tal como reprochaba su padre a su abuela, cuando cuestionaba su visita al médico: “Esos médicos no tratan de salvarte, intentan matarte”. Creencias que persisten.

Una noche, su padre (inconsultamente) decide que era hora de irse, pese a los consejos de su esposa y su madre (por la hora y la distancia). Su padre impuso su decisión. ¿Cuántas veces hemos dicho –o escuchado-: “no podemos esperar”, “tenemos que hacer las cosas ya”, sin escuchar razón u opinión alguna, sin reflexionar en la “conveniencia” de la decisión tomada?.

El resultado de tal decisión, desembocó en ese fatal accidente, provocando sufrimiento, sentimientos de culpa, por no haber escuchado advertencias, pues únicamente “se impuso la voluntad, solo por tener autoridad”. Solo es una opinión, pero si supiéramos lo que sucederá, nadie pondría en riesgo la vida de otros, menos aún, la de nuestros seres queridos.

Tara no culpa a nadie del accidente y menos a Tyler, que se sentía responsable. “Son cosas que pasan”. Esto le recordaba a las apaches y las decisiones que contribuyen a forjar una vida: “las decisiones que las personas toman juntas o por su cuenta, y que se conjugan para producir un único hecho”. (Westover, 2018).

 

CAPITULO 5:      SUCIEDAD HONRADA

Tras los hechos ocurridos en el accidente, se entrevé que los pensamientos constituyentes de cultura de ciertas personas (referente a la perspectiva de vida) siguen chocando con “expectativas” y deseos “progresistas” dentro de la familia de Tara, los cuales se muestran bajo un deseo (inherente a todo individuo) de “superación personal”: La necesidad de ser “independiente frente a los agentes parentales”(Cohen, 2021). Su hermano Tyler se detiene a pensar: “hay algo más allá de la montaña en la que su padre estaba enclaustrado”. La convicción de que podía progresar -nada estaba dado por sentado aún- choca con el pensamiento “conspiranoico y paranoico” (Xamardo, 2021) del padre, que basándose en que “lo desconocido para él es peligroso”, arrastra a todos con él.

En las familias nucleares numerosas, puede surgir el deseo del favoritismo y la competencia dentro de la prole -por patología- aunque también se da por factores exógenos o endógenos. Ese es el “consuelo” que la autora intenta significar al conocer más a fondo a la “oveja negra” de su propia familia: “desea una oportunidad que sus otros hermanos no tuvieron”.

Ser humilde y de bajos recursos, no es razón para no superarse en la vida y sobre todo, “sobresalir y ser ejemplo para los demás” como en el caso de Tyler, que sin ningún apoyo, buscó la manera de estudiar por sus propios medios, y de manera autodidacta, aprender lo que según su profesor no podía lograr: “…No puedes aprender cálculo tú solo… es imposible!” (Westover, 2018).

Cuando nos fijamos metas y buscamos alcanzarlas, no importa tiempo, distancia, sacrificios, o decisión que debemos tomar para cumplirlas: “Cada sacrificio tiene una recompensa”, y Tyler a pesar de no contar con ningún apoyo, tomó decisiones de vida que lo llevaron lejos de su casa y su familia.

Tara, empezó a comprender lo que Tyler quería para su vida y para ellos mismos: “le gustaba el orden, la tranquilidad, el aseo. No quería seguir viviendo igual que sus padres, quienes se negaban a prosperar, a buscar otras oportunidades para tener un mejor estilo de vida”. Se da cuenta que su hermano quería lo mismo para ella: “…me pregunté si era eso lo que Tyler quería: una casa bonita con un baño precioso y una hermana guapa que fuera a visitarlo” (Westover, 2018). Pero lo que también deseaba, era que se sintiera orgulloso de él y que también ella pudiera buscar lo mismo, aunque se resiste por obedecer a sus padres quienes son “fieles” a pensamientos “equívocos” de la realidad.

El relato deja algo importante: “como padres debemos de enseñar a nuestros hijos que lo que nosotros les hemos podido dar, ellos deben igualarlo o superarlo y que todo se logra con esfuerzo y sacrificio”. También debemos enseñarles –al menos- lo básico para su presentación personal, no solo como dice el padre de Tara “les enseño a no mearse en las manos”. (Westover, 2018)

 

CAPÍTULO 5                “DIOS PROVEERA”

Tara se ve expuesta a hechos que dejaron profunda huella en su ser, uno de ellos fue el accidente de Luke (con el soplete). Exponerse a un escenario de tanta crudeza no era lo apropiado para una niña, sin embargo, eso la puso a prueba –con ella misma, aunque no lo advirtiera- pues actúo más allá de su “pequeñez” (aunque creyera lo contrario): “Yo solo tenía diez años y en aquel momento me sentí muy pequeña. Luke era mi hermano y mayor que yo; pensé que él sabría qué había que hacer…” (Westover, 2018).

En su relato (con crudeza de detalles) deja entrever algo esperanzador: “la infinita capacidad humana, “la valentía” (para algunos) de afrontar una emergencia”. Evidencia cómo el individuo puede ser “disminuido”, “subestimado”, por su mismo entorno familiar: “Eres pequeña”, “eres mujer”, “los adultos saben todo”, “los niños obedecen”.

En su relato, Tara por primera vez confronta lo que le han hecho creer, contra la realidad: “Aunque consideraba que los fármacos convencionales eran abominaciones a Dios, si aquella noche hubiera tenido morfina se la habría dado a Luke”. Tara recuerda a su padre, siempre obcecado con sus creencias: “Papá nos ordenó decir que estaba enfermo. Siempre su padre, desde su autoridad “manejando, controlando” la realidad de todos y sometiéndolos con la amenaza que los federales se los llevarían (niños) y que Luke moriría en el hospital.-

A pesar del tiempo, de lo que recuerda haber visto y lo que ha reconstruido, hay preguntas que trata de responder: ¿Qué hizo papá?, ¿Por qué no llegó con Luke?. ¿Serán acaso -las respuestas que ella misma “fabrica”- una disculpa para un padre que pese a su autoridad y creencias (“Dios proveerá”), no supo qué hacer?, contrario a ella que –no habiendo dimensionado en su momento- hizo mucho, siendo tan solo una “niña”.-

 

CAPÍTULO 6                ESCUDO Y RODELA

Tras la partida de Tyler, Audrey comenzó a rebelarse contra su padre. Las mujeres comenzaron a realizar tareas que antes realizaban los hombres (sus hermanos mayores, se habían marchado del hogar). Tara relata: “Mi padre vivía atemorizado por el tiempo. Sentía que lo acechaba. Yo lo notaba en las miradas medrosas que lanzaba al sol a medida que surcaba el cielo…” (Westover, 2018). Los trabajos se tornan pesados y peligrosos.

Al cabo de seis meses se notaban los cambios en su madre, antes del accidente afirmaba: “La nutrición, el ejercicio y el estudio cuidadoso de las propiedades de las plantas es lo único que funciona, aunque nadie lo acepta cuando sufre”. Después del suceso aseveraba: “la curación era espiritual e ilimitada”. Era completamente diferente.-

Tara retomó sus estudios -aun cuando su padre se opusiera a ello y pensara que “no era importante”-. Ella quería ser “alguien” pero su padre temía que se fuera como Tyler, quien trató de buscar un horizonte diferente al suyo. Tyler era –hasta ese momento- el hijo mayor y consecuentemente debía seguir los pasos de su padre. Era una “traición” oponerse a los patrones de la familia y luchar por los propios ideales. Tara lo sabía bien y por eso trataba de adaptarse a los patrones impuestos por su padre, siguiéndolos por “tradición”; profesando sin opción, una religión impuesta. Para su padre, la Universidad era vista como un “lavado de cerebro”. Si querías aprender “debías hacerlo por tu cuenta, en casa”.

Si nos enfocarnos en cómo su familia imponía su “visión” en la educación, en las formas de crianza, concluimos que para Tara y los suyos: “las familias eran grupos de respeto que obligaban a sus hijos a seguir patrones impuestos desde sus antepasados: trabajar sus propias tierras; realizar trabajos dentro de la misma familia”. La educación no era algo “primordial”, por eso mismo: “Quien rompía ese paradigma, no era considerado de la familia. Era visto como traidor a la misma religión”. Las mujeres no eran consideradas para trabajos pesados, pero debían de cumplir obligaciones dentro del círculo familiar.

No obstante imponerse patrones incuestionables e inamovibles en la familia (¡obedecidos sin objeción!), llega un momento, un “punto de inflexión”, entre aquello que toda la vida hemos hecho, de forma “natural” –impuesta- y lo que verdaderamente queremos, anhelamos o nos merecemos.

Es ese el momento en el que el individuo, sin importar la rigidez del sistema familiar en que vive, lo expresa sin temor, lo reclama en justicia o simplemente, por el orden natural de las cosas, rompiendo así (o debilitando ese núcleo asfixiante que no le permite ser, que lo limita y que le exige actuar, expresarse, pensar (¡o lo contrario!) de una forma pre establecida, que no rompa ese orden impuesto y que no afecte la seguridad que esa rigidez provee a la “solidez familiar” (¡percepción errónea!), asignándole un “status” o “rol” que no está establecido por hechos biológicos, sino, por la suma de factores sociales, culturales, religiosos. Tara W. en su relato describe esa sensación: “Había entrado en una nueva realidad. Veía el mundo a través de los ojos de mi padre” (WESTOVER, 2018).

Para salvaguardar la permanencia del STATUS QUO FAMILIAR, el individuo se olvida de sí y se obliga a seguir y a agradar a los otros; cumpliendo expectativas ajenas sin importar el costo (emocional, físico) que dicho sacrificio exige. Tara al rememorar su accidente con el contenedor, al caer lesionada sin hacer la tarea que su padre ordenó, recuerda: “Se me había parado la respiración con el impacto y notaba un dolor pulsátil en la espalda, como si me la hubiera partido en dos -¿Cómo lo has hecho?- su tono aunque compasivo reflejaba decepción” y añade, culpándose a sí misma: Me sentí tonta <tendría que haberlo hecho bien>.-

El Punto de inflexión para Tara fue precisamente ese accidente, cuando observa los estragos que le provocó, decidiéndose a enfrentar al “poder y autoridad” de su padre –desafiando sus creencias- “quiero ir a la escuela”, a lo que su padre responde con un “chantaje” -disfrazado de religiosidad- haciéndola sentir (según Tara) “…que no era la hija a la que él había criado, la hija de la fe”; todo por pensar diferente, por exigir un derecho. (Westover, 2018).


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